viernes, 20 de marzo de 2009

Planchado fácil

La forma más cómoda de planchar es evitarlo. Para evitarlo es preciso que no tengas plancha. Si la tienes, seguramente te mirará desde su rincón reprochándote que no hagas uso de ella y te amargará el disfrute de la tercera temporada de Me llamo Earl. Por otro lado, necesitas limpiar tu mente de viejos prejuicios inculcados por madres abnegadas. La ropa no hace falta plancharla. Eso antes, cuando las amas de casa tenían mucho tiempo y no existía Internet para entretenerse y claro, sólo podían hacerse dos cosas: Planchar y pelar judías verdes, así, quitándoles la hebra del borde (aunque siempre quedaba algún resto). Lamentablemente hoy en día la dinámica de la vida moderna nos impide atender todas aquellas tareas domésticas. El Facebook, el Messenger, mandar SMS con el móvil y ver las series que nos bajamos de Internet no nos dejan tiempo para otras cosas y una de las más fácilmente sacrificables es la plancha. Partimos de la base de que la ropa que no se ve, no hace falta plancharla. Siempre he pensado que es una chorrada planchar calzoncillos o calcetines. Por otro lado, las sábanas no se planchan. Por dios es una locura. ¡Si se van a quedar hechas un guiñapo a la primera mañana! (Si hay suerte, incluso se quedarán hechas un guiñapo la primera noche). Los pantalones vaqueros, ese gran aliado del soltero, no se planchan. En cuanto los llevas diez minutos puestos, ya están listos. Y las camisetas no digamos... Se llevan así, arrugadillas. Da un toque informal muy acorde con el look desenfadado que perseguimos. ¿Y qué nos queda? Las puñeteras camisas. Las camisas que uno casi nunca se pone pero que de vez en cuando nos vemos obligados cuando alguna dama quiere que vamos "un poco más arregladitos" (sic). Pues nada, tampoco se planchan. Se tienden estiradas de las costuras laterales, bien bien estiradas. Y cabezabajo. Para que las mangas y la parte de arriba, que tiene más tela, pesen, y las estiren. Y se quedan fenomenal, oye. Lo único las mangas, que claro no hay forma de estirarlas como dios manda, pero yo siempre voy remangado, así que no se nota.

Afortunadamente Greg House ha hecho mucho por nosotros, volviendo locas a generaciones de féminas con sus camisas hechas un higo, de modo que, si House puede, yes, we can.

1 comentario:

  1. Válgame!, hasta que alguien se atreve a poner los puntos sobre las ies.
    Estarás de acuerdo que además es un derroche de energía inaceptable en estos días. Sólo en aras de la pura vanidad.
    Enumero: gasto de hombres-hora (energía-tiempo), uso inútil de la energía eléctrica que sobre calienta el planeta, la ropa se desgasta más rápidamente, gasto de recursos económicos (planchar sale caro)...
    Nadie querría planchar más después de leer tu post. Y el mundo se dará cuenta(al fin) de que no se necesita ni una plancha más (todas menos)...Venga, quizá de adorno y que sean de esas que se usaban con carbón...A que sí? =P

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